Nutrición y cáncer (II).

En Portal Veterinaria Roberto Elices, de la Universidad Complutense, ha publicado este excelente artículo sobre nutrición y cáncer.

Algunos nutrientes poseen actividad anticancerígena y, por tanto, se pueden utilizar en la terapia de pacientes oncológicos. En estos animales, además, hay que procurar que no disminuya el apetito y, en caso de que aparezca la anorexia, tratarla con rapidez.

Roberto Elices Minguez
Nutrición Animal
Facultad de Veterinaria. UCM
elices@vet.ucm.es
“Nutrition and Cancer”, en Seminario Alimentazione e patologie tumorali nel cane: incidenza, prevenzione e terapie. Ente Nazionale della Cinofilia Italiana (ENZI), febrero 2009, Milán.

Imágenes archivo

Existe abundante bibliografía sobre estos nutrientes, extraída fundamentalmente de Medicina Humana. En algunos casos está basada en investigaciones científicas, pero en otros muchos casos es sólo dependiente de la experiencia. Vamos a revisar algunos de estos compuestos.

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Ácidos grasos omega 3: DHA y EPA

Se han desarrollado múltiples estudios en el perro y el gato en referencia a los ácidos grasos omega 3: docohexanoico (DHA) y eicosapentanoico (EPA).
Su principal actividad antitumoral reside en su capacidad de reducir el crecimiento tumoral a través de la inhibición de las citokinas involucradas en este proceso y porque desvían el metabolismo del ácido araquidónico, impidiendo la formación del ácido 15-hidroxieicosatetraenoico (15HETE) y de la prostaglandina E2 (PGE 2) con actividad pro-tumoral. Además, otro de los efectos positivos de estos nutrientes es que producen una reducción de la pérdida de masa muscular, así como un aumento en la supervivencia (55%) cuando se han utilizado en terapia combinada con doxorrubicina.
Se han incorporado en las raciones para perros a niveles del 5% o con una relación omega 6: omega 3 del 5:1 y hasta del 0,5:1, sin observar los efectos negativos de estas altas proporciones (i.e., descenso del recuento de plaquetas, alteraciones de la cicatrización y pancreatitis). Estos efectos negativos sí se observan en los gatos.

Aminoácidos
Arginina

En Medicina Humana se ha visto que su inclusión a niveles del 2,5% (MS) reduce el crecimiento tumoral. Del mismo modo, su incorporación simultánea con omega 3 se correlaciona positivamente con un aumento en la tasa de supervivencia.

Glutamina

Se ha visto que este aminoácido es necesario en aquellos procesos de rápida multiplicación celular con elevado gasto energético. Sus efectos beneficiosos proceden de los estudios sobre cáncer de colon en pacientes humanos. Sin embargo, sus efectos positivos están siendo debatidos porque representa un sustrato para las células tumorales.
Sí parece claro que su deficiencia induce caquexia, puesto que este aminoácido estabiliza el peso del paciente y aumenta la deposición proteica.

Aminoácidos de cadena ramificada

La adición de cantidades de 100-200 mg/kg de peso corporal de aminoácidos de cadena ramificada (valina, leucina e isoleucina), en pacientes humanos, se ha visto que incrementa el anabolismo proteico ya que se reduce la actividad antiproteolítica de los tumores.
Actualmente existen en curso varias investigaciones en Veterinaria.

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Vitaminas antioxidantes

Los efectos de las vitaminas antioxidantes A (retinoides y carotenos), C (ácido ascórbico) y E (colecalciferol) son cuestionables debido a dos hipótesis opuestas.
Por un lado, su principal función se basa en su efecto antioxidante y protector de las membranas biológicas pero, en contraposición, protegen también a la célula tumoral frente a la agresión de los agentes antitumorales.
Al igual que en los casos anteriores, la información disponible procede de Medicina y, en el caso de la vitamina A, la forma química administrada y su metabolismo es diferente en el hombre y en el perro, por lo cual sus efectos son cuestionables.
En el caso del ácido retinoico, además hay que tener cuidado por sus efectos tóxicos secundarios y por ser un potente agente teratogénico, particularmente en el gato.
Actualmente en Veterinaria se emplea al ácido retinoico de síntesis en algunas patologías dermatológicas, como por ejemplo en el linfoma cutáneo de células T o en queroacantomas, con efectos positivos, aunque en otros casos no ha sido efectivo (i.e., carcinoma de células escamosas felino).

Otras vitaminas con efecto protector

La metilcobalamina (B12) -a una dosis de 1000 mg/día presenta efecto protector frente al cáncer de mama-, el ácido fólico -junto con las vitaminas con las que guarda relación estrecha B6 y B12- y el 1,25-dihidroxicolecalciferol (D3) han demostrado tener efecto protector en pacientes humanos o en modelos experimentales (ratones) con leucemia, cáncer colorrectal, mamario y de próstata.

Minerales

Diferentes estudios epidemiológicos han demostrado que algunos minerales (selenio, zinc, cromo y hierro) están disminuidos en perros con linfoma u osteosarcomas. La explicación a este hecho es desconocida, puesto que no hay correlación entre las concentraciones séricas y titulares. Son necesarios estudios en Veterinaria que aclaren sus beneficios.
El selenio es el único mineral con propiedades antitumorales reconocidas -cataliza algunas reacciones REDOX que provocan la apoptosis de la célula tumoral-, al margen de sus funciones como coadyuvante de la vitamina E y su efecto antioxidante. En Humana se ha visto que la incorporación de 2 a 4 mg de selenio/kg peso corporal/día, reduce el riesgo de padecer cáncer de próstata.
La incorporación de estos minerales no es necesaria en los animales que ingieren una dieta comercial, pero sí es interesante tenerla en cuenta en la formulación de raciones caseras.

Otros compuestos

Los siguientes compuestos entran dentro del grupo de sustancias con efectos probados en Humana, pero basados en la evidencia, es decir, no hay soporte científico para su utilización.

Ajo

Diferentes estudios epidemiológicos en Humana han demostrado la eficiencia del ajo (Allium sativum) en cáncer colorrectal. Los efectos positivos vienen determinados por la presencia de sustancias organosulfuradas, principalmente derivados de los compuestos alílicos (alicina). Estas sustancias poseen múltiples funciones, pero en general disminuyen la división celular e inducen su muerte. Se ha especulado que existen diferencias en el empleo del ajo crudo o preparado en polvo o tabletas; su eficiencia es similar puesto que los compuestos activos son los mismos.
Los primeros estudios llevados a cabo en perros no han demostrado la eficacia esperada y, además, no hay que olvidar que esta hortaliza es tóxica para el perro y el gato. Los extractos de ajo oxidan la membrana de los glóbulos rojos provocando hemolisis, así como la aparición de cuerpos de inclusión de Heinz. Es necesario el desarrollo de estudios más profundos que determinen su toxicidad.

Polifenoles

Son un grupo amplio de sustancias presentes de manera natural en algunos vegetales, o derivados, con efecto protector para ellas, como por ejemplo en el té (Camelia spp.), uva (Vitis vinifera), o incluso en el aceite de oliva. Su consumo protege del desarrollo de tumores inducidos por las radiaciones UVA o por ciertos agentes químicos. Sus mecanismos de acción incluyen, por ejemplo, la inhibición del citocromo P450 (que es un activador carcinogenético), induce la muerte de las células tumorales, inhibe el crecimiento tumoral e inhibe la angiogénesis.
Todos estos efectos preventivos y curativos se han revisado en Humana, pero será necesario verificar estas actividades en nuestras mascotas.

Cartílago de tiburón

El cartílago de tiburón ha sido utilizado tradicionalmente como protector del cartílago (i.e., artritis, artrosis) por su elevada concentración en glucosaminoglucanos, elemento base de la estructura del cartílago. Sin embargo, desde el descubrimiento de la angiogénesis y su importancia en el crecimiento, desarrollo y metástasis de los tumores, su utilización ha abierto nuevas perspectivas.
Se considera que el cartílago es una fuente natural de compuestos con actividades antiangiogénicas, debido a su estructura avascular. Sin embargo, el empleo en crudo de estas sustancias está en controversia; en este punto sus beneficios en Veterinaria, por tanto, son cuestionables.
Recientemente, se están empleando extractos purificados de cartílago con actividad antiangiogénica. Hay varios estudios clínicos en curso para establecer su utilización en Humana, y sus resultados estarán disponibles en breve. Sus propiedades principales se basan en la imposibilidad de la fijación del factor de crecimiento vascular, la inducción de la muerte de las células endoteliales y por aumentar las concentraciones de angiostatina en la región tumoral.

Hongo Maitake

Este hongo (Grifota frondosa) originario del Japón tiene algunos polisacáridos ramificados, en concreto el 1,6 β-glucano ramificado con el 1,3 β-glucano y viceversa, con actividades antitumorales: reduce el tamaño del tumor y estimula la actividad de células del sistema de defensa como macrófagos y linfocitos T. Se comenzó a utilizar en los años 90 como agente antiviral frente al virus de la inmunodeficiencia humana.
Actualmente existe un producto comercial en Estados Unidos para mascotas, pero no está aprobado por la FDA. Su destino es para perros con linfoma, pero los resultados clínicos no han sido satisfactorios.

Incrementar su apetito

Como ya hemos visto, es importante que los animales ingieran alimento, siempre y cuando el sistema digestivo funcione correctamente. Por tanto, hay que explicar al propietario, y al resto del equipo veterinario, cuál va a ser la estrategia a seguir.
En primer lugar, hay que diseñar un plan de acción inmediato, basado en el tratamiento farmacológico actual del perro, la dieta y su correcto manejo, entendiendo éste como un aumento del mismo.
Si no conseguimos buenos resultados con la ingestión voluntaria, pasaremos a la alimentación forzada y, en último caso, a la nutrición parenteral. Estos dos últimos aspectos no serán revisados en este artículo.
Hay que recordar que los animales en tratamiento oncológico, en determinadas circunstancias, reciben fármacos que inducen anorexia (i.e., opiáceos, que tienen efectos antiperistálticos) o modifican el proceso digestivo (i.e., AINE, respecto a la flora microbiana o la integridad de la mucosa). En estos casos habrá que minimizar estos efectos, que podrían modificar la ingestión voluntaria, buscando la posología más adecuada, o bien suspender su uso durante 24-48 horas para verificar si son la causa de la anorexia.
Existen algunos factores que participan en la ingestión de alimento y condicionan la estrategia a seguir.

Entorno

Es evidente que hay que intentar disminuir las situaciones estresantes para nuestros pacientes hospitalizados. Que el perro pueda estar en su entorno es la mejor opción disponible. Sin embargo, esto no siempre es posible.
Cuando tengamos un animal hospitalizado y requiera alimento, es mejor desplazarlo de su jaula a un entorno más tranquilo, lo más parecido al de su hogar (sala distinta a hospitalización), y por una persona que lo maneje con paciencia y delicadeza, recordando que su trabajo más importante es asegurar que el paciente ingiera alimento sin ser forzado.
Además, hay que asegurar unos ciclos de luz:oscuridad similares al natural: deberíamos evitar los periodos de 24 horas de luz. Nuestro paciente debe descansar.
Es muy importante recordar que la zona de alimentación debe estar separada de la zona sucia (área de orinar o defecar) puesto que esta área no mejora la aceptación del alimento. Algunos pacientes precisan collares isabelinos; se les debe retirar a la hora de la comida, del mismo modo que se procurará la máxima accesibilidad al comedero. En algunas ocasiones, particularmente en los gatos, es muy importante examinar el material del comedero, puesto que los olores que desprenda podrían afectar negativamente al consumo (i.e., plásticos). En estos casos recomendamos la utilización del metal, vidrio o porcelana.
En algunas ocasiones nos sugieren los propietarios la posibilidad de asistir en las horas de comida. Esta decisión queda a criterio del clínico, pero lo cierto es que podrían crear situaciones y ambientes estresantes para el entorno, incluido el perro, sobre todo cuando el estado de salud y la toma de decisiones son críticos.

Mejorar la palatabilidad

Es el método más simple de aumentar la ingestión. Existen varias formas de hacerlo.
La elección de una presentación húmeda es el método más simple y efectivo. Por otra parte, este tipo de alimento tiene un mayor contenido en grasa y proteína, que además son muy acordes a nuestras necesidades, elementos primordiales de la palatabilidad de cualquier alimento.
Es evidente que la frescura y el aroma de los alimentos influyen positivamente. En el primer caso, es tan simple como no dejar el alimento encima de una mesa al aire libre para que se deseque y/o se endurezca; debemos cerrarlo convenientemente. Con esta maniobra aseguramos que las sustancias volátiles, generalmente ácidos grasos (AGV), responsables del aroma no se pierdan. En segundo lugar, podemos calentar a temperatura corporal el alimento: conseguimos incrementar la liberación de estos AGV y aumentar la apetencia por la dieta.
Algunos autores recomiendan el empleo de sal o azúcar como cobertura de la dieta. Esta maniobra podría ser efectiva en perros, pero no lo es tanto en gatos, debido a la insensibilidad que muestran por estos dos sabores y a los problemas derivados del empleo del azúcar (fructosuria). Sin embargo, lo cierto es que la leche condensada les resulta muy atrayente.
En último lugar, y siempre como medida a corto o medio plazo, estaría el empleo de fármacos estimulantes del apetito. Dentro de este grupo encontramos las benzodiacepinas (diazepam), antihistamínicos H1 (ciproheptadina), progestágenos (acetato de megestrol) y antidopaminérgicos (metoclopramida). La selección y dosificación de los mismos dependerá de la experiencia particular del clínico.

Prevención dietética del cáncer

Existen muy pocos estudios en Veterinaria que relacionen los alimentos con la presentación del cáncer.
Basándonos en Medicina Humana, y en alguna investigación en Veterinaria, se sabe que la obesidad es un factor predisponerte del cáncer. La grasa corporal es un órgano vivo que secreta varias hormonas y citokinas con efecto promitogénico, como por ejemplo leptina, TNFα, interleukina 1 y 6 e IGF1.
En este sentido, mantener un peso corporal adecuado, reducir en un 70-80% las necesidades de mantenimiento diarias, utilizar un alimento completo y equilibrado, asegurar una salud del aparato digestivo (con el empleo de cantidades moderadas de fibra dietética) y utilizar con moderación alguno de estos nutrientes con características antitumorales, parece el mejor método para prevenir esta patología en nuestras mascotas.

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